Justamente para empezar a corregir esta cuestión, en las siguientes publicaciones hablaremos un poco sobre las leyendas que dan pie a dichas tradiciones, y que por lo tanto se encuentran en los cimientos de todos nosotros. En primer lugar tenemos la tradición tolteca, aquella que los mexicas adoptaron:
En las leyendas de los antiguos pobladores está escrito que el pueblo
Tolteca fue elegido por los Dioses para que aprendieran las ciencias y el arte;
Quetzalcóatl, Dios de la vida y la sabiduría, se encargaría de llevar el
conocimiento a los hombres, sin embargo se enamoró de su gente y para ellos
robó la planta que sus hermanos más cuidaban. A partir de ese momento los
toltecas comenzaron a tostar el grano del cacao, molerlo y hacer una pasta que
mezclada con agua formaría la más deliciosa bebida.
El resto de los Dioses, celosos y enojados con el pueblo, juraron
venganza en contra de Quetzalcóatl. Texcatlipoca, Dios de la noche y protector
del poder, engañó a su hermano y lo embriagó para que pasara por muchas
vergüenzas. Con su honor destrozado, Quetzalcóatl se marchó de la ciudad,
viendo cómo, a su paso, las plantas de cacao se iban convirtiendo en arbustos
secos y espinosos. Cuando por fin llegó a lo que hoy es Tabasco, arrojó las
semillas que los toltecas habían amado tanto. Es por esto que el árbol del cacao
ya no crece en el centro de México y solamente se cosecha en las tierras
cercanas al Soconusco, Chiapas, último lugar donde pasó Quetzalcóatl, dador de
la bebida de los Dioses: el chocolate.
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